La dependencia de un proveedor y la soberanía tecnológica: ¿quién controla realmente tu ecosistema digital?

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Toda plataforma llega a un punto en el que sale a la luz su verdadero coste. No es en el momento de la compra, ni tampoco en el del lanzamiento. Es el momento en el que tu organización quiere cambiar algo y se da cuenta de que ya no puede hacerlo según sus propios términos. Este artículo parte de ese momento y sigue una línea argumental única a lo largo de todo el texto.

 

Una situación más habitual de lo que parece

Tu empresa quiere incorporar una nueva solución a un sistema que lleva años utilizando. Nada fuera de lo común. El presupuesto está disponible, la necesidad empresarial está clara y el nuevo proveedor está listo para empezar.

Pero en cuanto intentas integrarlo, te das cuenta de que las cosas no son tan sencillas. El sistema actual no ofrece suficientes API, los datos están en un formato propietario y cualquier cambio tiene que pasar exclusivamente por el proveedor actual. Lo que parecía un trabajo de unas pocas semanas se convierte en un proyecto largo y costoso que resulta difícil de controlar.

No es que la tecnología no funcione. Al contrario, funciona exactamente como se diseñó. El problema es que la organización ya no tiene suficiente control sobre su propio ecosistema digital.

Este es uno de los efectos más comunes de la dependencia de un proveedor. No se aprecia durante el proceso de adquisición, sino que solo se hace evidente cuando la empresa quiere cambiar algo, incorporar a un nuevo socio, adoptar una nueva tecnología, consolidar los datos de una adquisición o adaptar sus procesos a una nueva normativa.

Es entonces cuando descubre que la flexibilidad que creía tener es, en realidad, limitada. Y el coste real no es solo económico. Se trata de la pérdida de la libertad para decidir cómo evolucionan los propios sistemas, lo que supone, precisamente, una pérdida de soberanía tecnológica.

Qué significa realmente la dependencia de un proveedor

La dependencia de un proveedor se produce cuando una organización llega a depender tanto de un proveedor concreto que cambiar de proveedor resulta difícil, costoso o arriesgado.

Esa dependencia puede adoptar muchas formas: tecnologías propietarias, formatos de datos difíciles de exportar, integraciones complejas, condiciones contractuales restrictivas o procesos diseñados en torno a una única plataforma.

Mantener una relación a largo plazo con un proveedor no es ningún problema. Al contrario, puede suponer una ventaja: continuidad, entendimiento mutuo, confianza y costes predecibles. El problema surge cuando se sigue con ese proveedor no porque siga siendo la mejor opción, sino porque la alternativa se ha vuelto demasiado complicada.

La distinción es fundamental. Una dependencia saludable es una decisión que se reafirma porque tiene sentido. El bloqueo de proveedor es una decisión que ya no puedes reconsiderar, independientemente de si sigue teniendo sentido o no. En el segundo caso, las decisiones importantes sobre el ritmo de innovación, los costes o la evolución tecnológica acaban estando más determinadas por los límites de la plataforma que por las necesidades reales de la empresa.

Cómo se instala la dependencia de los proveedores en las organizaciones

En la mayoría de los casos, la dependencia de un proveedor no surge de la noche a la mañana. Se va acumulando poco a poco, a través de decisiones que en su momento parecían perfectamente justificadas: una función entregada más rápido, una integración realizada de una determinada manera, la elección de una tecnología que parecía la opción más sencilla.

Con el tiempo, estas decisiones se acumulan y reducen el margen de maniobra de la organización.

En entornos empresariales, las dependencias suelen adoptar cinco formas, que rara vez se dan de forma aislada.

Dependencia de los datos

Los datos se almacenan en formatos propios o en estructuras que dificultan su exportación. Aunque la organización sea la propietaria de los datos, acceder a ellos o migrarlos a otra plataforma puede convertirse en un proceso complicado que depende en gran medida del proveedor actual.

Dependencia de integración

La plataforma ofrece API limitadas u opciones de integración restringidas. En lugar de que la incorporación de un nuevo sistema sea un proceso sencillo, cada integración se convierte en un proyecto independiente, lo que supone un coste y un esfuerzo adicionales.

Dependencia arquitectónica

A medida que la plataforma crece, cada vez se desarrollan más procesos y capacidades fundamentales en torno a ella. Llega un momento en que el sistema deja de ser un simple componente del ecosistema informático para convertirse en el núcleo al que todas las demás aplicaciones deben adaptarse.

Dependencia comercial

A veces, los obstáculos no son de carácter técnico, sino contractual. Los costes de migración, las licencias, las condiciones de renovación o las tasas relacionadas con la transferencia de datos pueden hacer que el cambio de proveedor resulte difícil de justificar desde el punto de vista económico, incluso cuando existen alternativas mejores.

Dependencia operativa

Con el tiempo, los equipos, los procesos y los conocimientos técnicos internos acaban articulándose en torno a un único ecosistema tecnológico. Incluso cuando existen opciones viables en el mercado, el cambio puede parecer demasiado complejo desde el punto de vista de los recursos, la formación y la continuidad operativa.

En la práctica, muchas organizaciones se enfrentan a varias de estas formas de dependencia al mismo tiempo. Por eso, el problema se hace evidente precisamente cuando hay más en juego: una nueva integración, una migración, una adquisición o la adopción de una tecnología emergente.

Los riesgos menos evidentes de la dependencia de los proveedores

Cuando hablamos de dependencia de un proveedor, lo primero que nos viene a la mente suele ser el coste: licencias más caras, gastos de asistencia técnica, proyectos de migración complejos e integraciones que exigen una inversión adicional. Todos estos son reales y relativamente fáciles de calcular. Pero hay otra serie de efectos que nunca aparecen en un presupuesto o en un contrato, y que, sin embargo, tienen un peso mayor a largo plazo, ya que cada uno de ellos, a su manera, erosiona la soberanía tecnológica.

Menor flexibilidad en la toma de decisiones

La tecnología debe respaldar la estrategia empresarial, no limitarla. Cuando cambiar un sistema crítico se vuelve demasiado complicado o costoso, la organización empieza a posponer decisiones importantes: el lanzamiento de nuevos servicios, la integración de socios, la adopción de tecnologías emergentes o la adaptación a nuevos requisitos normativos. Con el tiempo, la velocidad a la que la empresa quiere avanzar supera la velocidad que le permite su tecnología.

Datos valiosos que resultan difíciles de utilizar

Los datos son uno de los activos más importantes de una organización, pero solo generan valor si se puede acceder a ellos, analizarlos y combinarlos con información de otros sistemas. Cuando resulta complicado extraerlos o integrarlos, iniciativas como Analytics, la automatización de procesos o los proyectos basados en la AI se vuelven más difíciles y costosas de lo que deberían. El control sobre los datos, y no solo su propiedad formal, es uno de los componentes concretos de la soberanía tecnológica.

La creciente dependencia de un único socio

Cualquier proveedor puede modificar su estrategia, su modelo comercial o su cartera de productos. Cuando una organización depende de un único ecosistema tecnológico, esos cambios repercuten directamente en sus operaciones. Cuanto mayor es la dependencia, menor es la capacidad de respuesta. Un cambio en las licencias, la retirada de un producto de la cartera o una decisión sobre la hoja de ruta pueden convertirse, de la noche a la mañana, en un problema de la organización en lugar de del proveedor.

Menor poder de negociación

La capacidad de elegir es una de las formas más importantes de control en cualquier relación comercial. Si cambiar de proveedor resulta extremadamente difícil o costoso, las opciones de la organización se reducen considerablemente. Renegociar contratos, ajustar los niveles de servicio o influir en la orientación del producto se vuelve mucho más difícil, simplemente porque la otra parte sabe que abandonar la relación no es una opción realista.

El coste real no es solo económico

Al fin y al cabo, el mayor problema de la dependencia de un proveedor no es necesariamente el coste adicional. Es que la organización va perdiendo poco a poco la libertad para decidir cómo desarrolla sus sistemas, cómo utiliza sus datos y cómo responde a los cambios del mercado.

 

 

Antes de poder resolver una dependencia, es necesario tener claro en qué puntos eres vulnerable, cuánto te costaría salir del proyecto y qué decisiones arquitectónicas son realmente importantes. Basándose en proyectos reales, la guía de Essensys expone los 10 errores más comunes en el proceso de digitalización y cómo evitarlos.

Interoperabilidad: el mecanismo que reduce la dependencia

Si la dependencia de un proveedor es el síntoma, la interoperabilidad es el mecanismo técnico que lo combate. No es un fin en sí misma, sino el instrumento concreto mediante el cual una organización recupera su libertad de decisión.

En resumen, la interoperabilidad significa que diferentes sistemas pueden comunicarse e intercambiar información de una manera sencilla, predecible y sostenible, sin necesidad de un desarrollo personalizado y complejo para cada integración, y sin depender de un único proveedor para que todo funcione.

Por qué es importante

Porque ofrece a las organizaciones una mayor libertad de elección. Cuando los sistemas se basan en estándares abiertos y pueden integrarse fácilmente entre sí, incorporar una nueva solución, sustituir un componente o dar la bienvenida a un nuevo socio se convierte en algo factible. En lugar de sustituir todo un ecosistema, la organización solo interviene donde es necesario.

Igualmente importante es el control sobre los datos. Cuando la información fluye entre sistemas a través de estándares comunes e interfaces bien documentadas, sigue siendo accesible y utilizable independientemente de las tecnologías subyacentes. En efecto, la interoperabilidad convierte la portabilidad de los datos de una promesa contractual en una característica real de la arquitectura.

Cómo se consigue la interoperabilidad

La interoperabilidad no surge por casualidad. Debe tenerse en cuenta desde la fase de diseño de la solución. Entre sus principios fundamentales se incluyen el uso de estándares y protocolos abiertos, API bien documentadas y estables; arquitecturas modulares que permitan sustituir o ampliar componentes sin que ello afecte de forma significativa al conjunto del sistema, y una separación clara entre los datos, la lógica de negocio y las interfaces de usuario.

No se trata solo de decisiones técnicas. Estas determinan directamente la capacidad de una organización para adaptarse y evolucionar y, en muchos casos, se toman durante modernización de aplicaciones heredadas y proyectos de integración de sistemas, donde, de todos modos, se está revisando y replanteando la arquitectura existente.

Más libertad para decidir

Quizás la ventaja más importante de la interoperabilidad es que mantiene abiertas las opciones. Una organización puede adoptar nuevas tecnologías, cambiar de proveedor cuando sea necesario e integrar más fácilmente soluciones que se adapten a las nuevas necesidades empresariales. La tecnología sigue siendo una herramienta que respalda la estrategia de la empresa, no un factor que limite sus opciones.

En otras palabras, cada decisión que tomes hoy en materia de interoperabilidad es una inversión en la soberanía tecnológica del mañana.

Soberanía tecnológica: el objetivo estratégico

En los últimos años, el concepto de soberanía tecnológica ha cobrado cada vez más protagonismo en los debates a nivel europeo. Por lo general, se asocia con la infraestructura en la Cloud, los centros de datos o la reducción de la dependencia de proveedores de fuera del continente. Todo esto es importante, pero solo constituye una parte del debate y, aunque suele ser la más visible, no es la más relevante para una organización concreta.

A nivel de una sola empresa, la pregunta es mucho más concreta: ¿qué grado de control tienes sobre la tecnología de la que depende tu negocio?

  • ¿Eres capaz de integrar rápidamente un nuevo sistema cuando sea necesario?
  • ¿Es posible adoptar nuevas tecnologías sin tener que reestructurar por completo el ecosistema actual?
  • ¿Puedes acceder a los datos de la empresa y utilizarlos sin las restricciones impuestas por la plataforma en la que están almacenados?
  • ¿Se puede cambiar de proveedor si la solución ya no se adapta a tus necesidades?

Si la respuesta a estas preguntas es “no”, entonces el debate sobre la soberanía tecnológica cobra gran relevancia, independientemente de dónde estén alojados los sistemas o en qué tecnologías se ejecuten. Una aplicación puede estar alojada en un centro de datos europeo y, aun así, no ofrecerte ningún control sobre sus datos ni sobre su evolución. Y lo contrario también es cierto: un sistema bien diseñado puede preservar tu soberanía incluso cuando utiliza componentes de proveedores internacionales.

De ahí la idea central de este artículo: la soberanía tecnológica no es, ante todo, una cuestión de geografía o de regulación, sino una cuestión de arquitectura. Se reduce a cuatro formas concretas de control:

  • Control sobre los datos: la posibilidad de acceder a tu propia información, exportarla y reutilizarla en cualquier momento y en formatos compatibles.
  • Control sobre las integraciones: la capacidad de conectar y desconectar sistemas sin depender de la buena voluntad de un único proveedor.
  • Control sobre la arquitectura: la capacidad de comprender y modificar la forma en que se construyen los sistemas críticos.
  • Control sobre la evolución: la capacidad de adoptar nuevas tecnologías y cambiar de rumbo sin tener que reconstruir todo el ecosistema.

Si se analizan en conjunto, estos tres niveles encajan de forma natural. La dependencia de un proveedor es el síntoma que indica la pérdida de estas formas de control. La interoperabilidad es el mecanismo mediante el cual se recuperan. La soberanía tecnológica es el resultado, el objetivo estratégico que hace que el esfuerzo merezca la pena.

Y ese objetivo no se alcanza con una sola decisión estratégica. Se construye poco a poco, a través de las decisiones que tomes hoy en materia de arquitectura, integración y gestión de datos. Cada formato propietario aceptado sin una vía de salida clara y cada integración realizada “rápidamente, pero de forma cerrada” supone una pequeña renuncia a la soberanía. Cada estándar abierto adoptado y cada interfaz bien documentada es un paso en la dirección opuesta.

Claridad: la condición previa para tomar buenas decisiones

Todos los puntos anteriores tienen un denominador común: se deciden en una fase temprana, en momentos en los que la presión se centra en “lanzarlo rápido” en lugar de “lanzarlo de forma que podamos modificarlo más adelante”. La dependencia de un proveedor no suele ser el resultado de una mala decisión. Es el resultado de una decisión tomada sin tener suficientemente claras sus consecuencias a largo plazo.

Ahí es precisamente donde radica la diferencia entre un proveedor de tecnología y un socio para sistemas complejos. Un proveedor se limita a dar respuesta a los requisitos que se le plantean. Un socio, en cambio, primero plantea las preguntas que la organización aún no se ha planteado: ¿qué problema empresarial estamos resolviendo realmente?, ¿cómo funcionan los procesos reales que subyacen al requisito?, ¿qué datos existen y cómo fluyen?, ¿qué debe mantenerse abierto para que la organización pueda seguir evolucionando dentro de tres o cinco años?.

Esta es la lógica en la que se basa el Clarity Framework, la metodología que Essensys ha perfeccionado a lo largo de 21 años de proyectos de modernización de software, desarrollo a medida e integración de sistemas. El marco parte deliberadamente del contexto empresarial y operativo antes de proponer una solución técnica, ya que una solución técnicamente correcta pero desconectada del funcionamiento real de la organización es una de las causas más comunes de fracaso en los proyectos de TI.

Cómo evaluar tu nivel de control sobre tu ecosistema digital

Antes de decidir qué cambiar, conviene saber cuál es tu situación actual. La siguiente lista de verificación te ayudará a evaluar, con sinceridad, cuánto control tienes realmente. Para cada sistema crítico, marque las afirmaciones que se cumplan en su organización:

  • Datos: puedo exportar todos los datos, con un nivel de detalle elevado (no solo informes agregados), en formatos estándar y sin necesidad de recurrir a la ayuda del proveedor.
  • Portabilidad: sé exactamente cuánto tiempo llevaría y cuánto costaría una migración completa de los datos a otra plataforma.
  • Integración: el sistema ofrece API estables y bien documentadas, y una nueva integración no depende de un proyecto personalizado por parte del proveedor.
  • Estándares: la comunicación entre sistemas se basa en protocolos y estándares abiertos, no en interfaces propietarias.
  • Arquitectura: los componentes críticos pueden sustituirse o ampliarse de forma independiente, sin que ello afecte al conjunto del ecosistema.
  • Comercial: conozco todos los costes y las cláusulas relacionados con una salida, y no hacen que cambiar de proveedor sea inviable.
  • Operativo: el equipo interno comprende cómo funciona el sistema; los conocimientos esenciales no se limitan únicamente al proveedor.
  • Conclusión: puedo adoptar una nueva tecnología o cambiar de proveedor en un plazo razonable, sin tener que reconstruir el ecosistema.
  • Continuidad: sé qué pasaría a nivel operativo si el proveedor cambiara sus condiciones comerciales, modificara el producto o abandonara el mercado.

Si puedes marcar la mayoría de estas afirmaciones en relación con tus sistemas críticos, tu nivel de soberanía tecnológica es satisfactorio. En los casos en que queden muchas casillas sin marcar, habrás identificado exactamente las áreas en las que la dependencia de los proveedores puede limitar tus opciones, así como las prioridades para tus próximas decisiones arquitectónicas.

¿Has marcado menos casillas de las que te hubiera gustado? Ahí es donde están tus prioridades.

El equipo de Essensys puede convertir esta evaluación en un plan concreto de riesgos y medidas de modernización.

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Qué puedes hacer para reducir la dependencia de los proveedores

La buena noticia es que reducir el riesgo de dependencia de un proveedor no implica sustituir todos los sistemas que utilizas actualmente. En la mayoría de los casos, la diferencia radica en las decisiones que tomas a la hora de elegir, ampliar o modernizar una solución.

Piensa en la salida desde el momento de la compra

Cuando evalúes una nueva solución, no te centres únicamente en la implementación. Pregunta también qué pasaría si, dentro de tres o cinco años, quisieras cambiar de plataforma: cómo se pueden exportar los datos, en qué formato, cuánto tiempo lleva una migración completa y qué costes adicionales conlleva. Un proveedor que da respuestas claras y transparentes a estas preguntas suele ser un socio más seguro a largo plazo.

Elige soluciones que se integren fácilmente

En los ecosistemas empresariales modernos, ningún sistema funciona de forma aislada. Por eso es importante contar con API bien documentadas, estándares abiertos y integración de sistemas Las capacidades deben ser criterios de selección importantes. Cuanto más fácil sea la comunicación de una plataforma con otras, mayor será la flexibilidad de la organización de cara al futuro.

Considera la portabilidad de los datos como un requisito esencial

Los datos de una empresa deben seguir siendo accesibles y utilizables independientemente de las tecnologías que se utilicen. Asegúrate de que se puedan exportar en formatos estándar y de que su uso en otros lugares no dependa de herramientas o procesos propios.

La portabilidad de los datos no es un “extra”, sino la condición que garantiza tu soberanía sobre tus propios datos. Aquí, gestión de datos planificarlo desde el principio marca la diferencia.

Crear sistemas capaces de evolucionar con el tiempo

Las arquitecturas modulares ofrecen mayor flexibilidad que los sistemas diseñados como un único bloque. Cuando los componentes pueden sustituirse o ampliarse de forma independiente, la organización puede adoptar nuevas tecnologías sin necesidad de reconstruir todo el ecosistema.

Mira más allá de las funciones actuales a la hora de pensar en la modernización

Cuando sustituya o modernice un sistema heredado, no se limite a evaluar lo que puede hacer hoy en día. Pregúntese qué tan fácil será adaptarlo, ampliarlo o incluso sustituirlo en el futuro. La flexibilidad a largo plazo es tan importante como las funciones disponibles desde el primer día y, a menudo, marca la diferencia entre una modernización que le devuelve el control y otra que simplemente traslada la dependencia de un proveedor a otro.

Identifica dónde es más profunda la dependencia

No todos los sistemas tienen el mismo impacto en la empresa. Identifica las aplicaciones y plataformas críticas de las que dependen tus procesos esenciales, y analiza qué pasaría si el proveedor modificara sus condiciones comerciales, alterara el producto o abandonara el mercado. Allí donde se concentra el riesgo, la inversión merece la pena.

Un proceso, no un proyecto puntual

Ninguna de estas decisiones es, en sí misma, trascendental. Un formato de datos, una opción de integración, un principio arquitectónico. Precisamente por eso es fácil subestimarlas y, precisamente por eso, son importantes. La soberanía tecnológica se gana y se pierde en los detalles, de forma acumulativa, con el paso del tiempo.

Es aquí donde la forma de abordar la modernización y la integración resulta decisiva. Una transformación digital que sustituye una plataforma por otra, sin abordar la interoperabilidad, la portabilidad de datos y la arquitectura abierta, corre el riesgo de cambiar una dependencia por otra. Por el contrario, una modernización diseñada en torno al contexto operativo de la organización, a cómo funciona realmente el negocio, y no solo a lo que hace la tecnología, mantiene el control donde debe estar: dentro de la organización.

Esta es también la lógica que sigue Essensys, a través del Clarity Framework, en proyectos de sistemas complejos y críticos para el negocio: comprender el negocio y su contexto operativo antes de proponer la solución técnica, arquitecturas abiertas e interoperables, y la libertad de la organización para evolucionar sin tener que reconstruir cada vez todo su ecosistema digital. Para sistemas como estos, eso no es un detalle de implementación. Es la clave.

Preguntas frecuentes

P: ¿Qué es la dependencia de un proveedor?

A: La dependencia de un proveedor (lock-in) se produce cuando una organización llega a depender tanto de una plataforma, tecnología o proveedor concretos que cambiar resulta difícil, costoso o arriesgado. En otras palabras, uno se queda no porque siga siendo la mejor opción, sino porque la alternativa es demasiado complicada.

P: ¿Cuál es el mayor riesgo que entraña la dependencia de un proveedor?

A: Los costes adicionales son solo una parte del problema. El mayor riesgo es perder la flexibilidad para tomar decisiones y adaptar los sistemas a las necesidades de la empresa. Con el tiempo, la organización puede acabar dependiendo de la estrategia, los precios y las prioridades de un único proveedor.

P: ¿Qué relación hay entre la dependencia de un proveedor y la soberanía tecnológica?

A: En pocas palabras, a través de tres niveles: la dependencia de un proveedor es el síntoma (la pérdida de control), la interoperabilidad es el mecanismo técnico que lo soluciona, y la soberanía tecnológica es el objetivo, es decir, la capacidad de la organización para mantener el control sobre los sistemas, los datos y la tecnología de los que depende. La dependencia del proveedor erosiona ese control; la interoperabilidad y las arquitecturas abiertas lo refuerzan.

P: ¿La soberanía tecnológica se refiere únicamente a la Cloud europea o a los centros de datos locales?

A: No. La ubicación de la infraestructura es un factor, pero no el principal para una organización concreta. La soberanía tecnológica significa, ante todo, el control sobre los datos, las integraciones, la arquitectura y la capacidad de evolucionar. Un sistema puede estar alojado localmente y, aun así, no ofrecerte un control real; un sistema bien diseñado puede garantizar tu control incluso si incluye componentes internacionales.

P: ¿En qué ayuda la interoperabilidad?

A: La interoperabilidad permite que los sistemas se comuniquen e intercambien datos a través de estándares e interfaces abiertos. Esto significa que las organizaciones pueden integrar nuevas soluciones con mayor facilidad, sustituir componentes cuando sea necesario y mantener sus datos accesibles y transferibles; en otras palabras, recuperar, en la práctica, el control que la dependencia de un único proveedor les resta.

P: ¿Por dónde se empieza realmente a reducir la dependencia de los proveedores?

A: Con claridad. Antes de tomar cualquier decisión arquitectónica o de adquisición, una organización debe comprender cómo funcionan sus propios procesos, qué datos posee y qué aspectos deben mantenerse abiertos para que pueda evolucionar. Esta claridad inicial, el punto de partida de la La metodología Essensys Clarity Framework, es también la medida preventiva más eficaz contra el «lock-in», ya que aborda la causa, no el síntoma.

P: ¿Puede la transformación digital aumentar el riesgo de dependencia de los proveedores?

A: Sí. Si la transformación digital se limita a sustituir una plataforma por otra, sin tener en cuenta la integración, la portabilidad de los datos y la flexibilidad a largo plazo, la organización puede acabar cambiando una dependencia por otra. Una transformación acertada considera la soberanía tecnológica como un criterio, no como un efecto secundario.

P: ¿Cómo podemos reducir el riesgo de dependencia de un proveedor?

A: Hay algunas medidas concretas que marcan la diferencia: optar por soluciones basadas en estándares abiertos; comprobar desde el principio cómo se pueden exportar y migrar los datos; dar prioridad a las plataformas con API bien documentadas; crear arquitecturas modulares; evitar depender en exceso de un único proveedor para los procesos críticos; y mantener los conocimientos especializados esenciales y las decisiones arquitectónicas dentro de la organización.

 
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Mihaela Pascari
Jefe de Marketing
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